Tarde de abril.
Tan bella o más
como el lugar de paseo.
Como la línea al horizonte del mar,
y como esa flor de amanecida,
fue aquel día de abril,
que sin ánimo de encontrarte
te hallé, como se hallan
las cosas bellas sin esperar.
Abril sabe a ti,
abril fue renacido al amor
y a la pasión de dos cuerpos
que se funden al futuro.
Pañuelo al cuello,
pantalón baquero,
rebeca azul amanecer…
no fue verde la esperanza,
se tornó azul como el mar
de mi querer,
como aquel sueño que alcanza
el recién nacido
que de la vida comienza a beber.
¡Ay, vida! Tanto tiempo pasó
que parece que fue ayer.
Aunque mil errores cometiera,
y mil por cometer,
hoy mi vida diera
por no perder tu querer.
Habla el corazón
que resuena en mi garganta,
porque aquel amanecer,
hoy en el ocre de la tarde,
volvería a dibujar
para volver a pasear
en la barca de tu querer,
y tornarme paloma mensajera
que al viento lleva
un mensaje de amor, de ilusión,
de esperanza, y bello anochecer.
Volvería a pasear hoy,
Dedicado a mi mujer.
Agustín Ballester Herrero. (A.B.H.)


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