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martes, 10 de mayo de 2011

El Arte de escribir una carta. Agustín Ballester Herrero.





El arte de escribir una carta.

          Dicen que ya nadie escribe cartas. Que Internet desplazó y erradicó recientemente este tradicional tipo de mensaje escrito. No quisiera creerme dichas afirmaciones, porque verdaderamente sería una gran pérdida.
             Una carta, dice mucho más de lo que cuenta. Una carta de  puño y letra, entraña una intimidad única. Es como un talón en blanco. No miente porque en ella puedes ver hasta su estado de ánimo. La carta venía, (hasta yo hablo en pasado) representando tu tarjeta de visita. Como un gran armario ropero donde, en ocasiones sus prendas se veían desordenadas. Otras veces, se podía desprender que el “armario” se había quedado pequeño.
             La forma de redactar una carta, es un arte. La forma de expresar lo que se cuenta en ella, dice mucho de uno mismo. Entraña sinceridad, en gran medida, aunque hubiera párrafos, coletillas ya hechas, que siempre se empleaban para desear salud, y otros tipos de deseos complacientes hacia quien se escribe. Una carta lleva impresa un suspiro, y lleva impresa una huella.
             Internet, es mucho más tecnológico, y mucho más falso, debido a su cómoda rapidez. La mentira en Internet es gratuita. El propio medio, en un tanto por ciento muy elevado, dice muchas cosas que no son ciertas. Internet no es un artilugio que escribe y habla por si mismo, sino un medio digital y electrónico de escribir. Todo cuanto existe en Internet, es obra del ser humano y no de la máquina. Estas palabras, en muchas ocasiones, parecen no estar presentes en nuestra mente, cuando viajamos por todo lo largo y ancho de este mundo, visitando y abriendo ventanas, porque eso es Internet, una ventana abierta al mundo.
          Volviendo a la carta, mi deseo más sincero y profundo, es que no desaparezca, porque de hacerlo, perderíamos nuestro sello de identidad y la forma más humana, después de la palabra por medio de la voz, de expresar lo que sentimos, desprendiendo el propio aroma a lápiz y papel, y de nuestros labios, a veces secos de desolación, o radiantes de felicidad.
          Quién no recibió alguna vez, una carta, con una lágrima desprendida.
           Un beso con sabor a fresa. Una caricia imaginaria y sincera….

         


Dicen que te vas.
Dicen que te has ido
¿Dónde estás
que no has venido?

¡Adiós! Voz muda
y silenciosa que cuentas
más callando,
y con la boca cerrada,
que hablando por no callar
quizá, en una madrugada.

El corazón no miente,
ni miente tu pensamiento.
Miente, y no miento,
aquel que habla sin pensar,
sin sentimiento,
porque esas palabras
se las ha de llevar el viento.

Dicen que te vas.
Dicen que te has ido
¿Dónde estás
que no has venido?

¡Adiós! Sentimiento.
Aunque el corazón me parta,
yo seguiré esperando
sin sufrimiento
aquella, tu querida… carta.

 

Agustín Ballester Herrero. (A.B.H.)

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