Estas son las portadas de los nuevos cuadernos editados por:
De don Antonio Dávila García:
Cuaderno de prosa y verso, de 36 páginas,
del cual extraemos este poema:
Extremadura
Alcornoques, olivares, regatos que serpentean,
universo de chaparros, cobijadores de ovejas,
hijos de la Extremadura , nacidos de sus esencias.
Cabizbajos van del brazo, el paisano y la miseria,
el jornal que apenas llega, el fiado, la pobreza,
las despensas campesinas, exultantes de carencias
la alacena de otros pocos, rebosantes de existencias,
frutos de nuestros sudores, que florece en casa ajena.
Después maletas, distancia, bajo el horizonte,
el mar.
de don Manuel García Centeno:
"Mi vida en...Relatos"
Cuaderno de relatos de 50 páginas
Del cual extraemos el siguiente relato:
ROMPIÓ AGUAS
Aquella noche, sobre las doce, cuando mi mujer llegó al WC y me dijo:
-Me parece que he roto aguas.
Yo me eché a reír. Sí, me eché a reír porque a esas horas a romper aguas, no era más que el vaticinio de un parto prematuro.
Yo me eché a reír hasta que la vi caída en el suelo. Me tiré de la cama y le dije con todo mi cariño, con todo el amor que disponía en aquellos momentos.
-No jodas Manuela, ¿cómo te pones a estas horas a parir?
-¿Y qué quieres que haga idiota?
Me contestó con toda razón.
Me eché a reír, me sucede cuando estoy en situaciones como esas y no es la primera vez que me tengo que salir de un velatone ante alguna sobrecogedora exclamación de un familiar del difunto.
La tragedia y la risa en mí no tiene más distancia que un mínimo gesto o una palabra. O, se me viene o se me va la risa en razón del gesto o la palabra.
Las ganas de reír se me quitaron al momento; tuve que indumentar torpemente a mi hija Lydia y cobijar a mi Manuela en su abrigo, así como pude.
De modo que con mi hija en brazos y con mi Manuela recostada y sujeta, de manera que no se me fuera al suelo, salimos de casa.
Entonces las lágrimas se me iban y se me venían y creo que me acordé de Dios (lo confieso a pesar de ser agnóstico) y luego me acordé de mi madre, que no estaba en casa.
Tambien de don Manuel García centeno:
"Relatos Jocosos"
Un cuaderno que, como su propio título indica,
"Relatos jocosos" de 48 páginas
del cual extraemos este:
El gallo
Este hombre tenía merecida fama de cumplidor en sus
tratos. Compraba y vendía desde una gallina, hasta una
piara de ovejas. Cada trasiego que hiciera lo incrementaba
un 30%. Sus clientes quedaban aparte de pagar, muy
agradecidos pues era cumplidor en sus negocios.
Cierto día en un pueblo de Extremadura, un hortelano le
solicitó que le vendiera gallo inglés para cubrir a parte de
sus gallinas.
A los pocos días lo encontró por la calle en aquel pueblo y
le dijo: Diego en mi casa tengo el encargo que me hiciste.
Si no estoy en casa le dices a mi mujer que te lo entregue.
Este truhán avícola llegó a su casa y se llevó al gallo
aduciendo que ya había pagado al marido.
Volvió este honesto chalán a su casa y preguntó a su
mujer: ¿ha venido Diego a por el gallo inglés?
-Sí. Vino ayer.
¿Y te pagó?
-a mí no.
Vaya: ya te la metió
¿Cómo que la metió? Nada más agacharme a coger el gallo.
De don Ignacio Alcántara Godino:
"Sueño Infantil"
Un cuaderno de literatura infantil
de 20 páginas de poesía dentro de un dibujo,
del cual extraemos esta pequeña muestra.
De don Agustín Ballester Herrero:
"Tarde de abril"
Este cuaderno de 30 páginas
aún está próximo a editar, aunque podemos avanzar
que verá la luz antes de navidad. Relatos y poemas
dedicados a la esposa del autor.
Avanzo en primicia uno de sus poemas:
Tarde de abril.
Dedicado a mi mujer.
Tan bella o más
como el lugar de paseo.
Como la línea al horizonte del mar,
y como esa flor de amanecida,
fue aquel día de abril,
que sin ánimo de encontrarte
te hallé, como se hallan
las cosas bellas sin esperar.
Abril sabe a ti,
abril fue renacido al amor
y a la pasión de dos cuerpos
que se funden al futuro.
Pañuelo al cuello,
pantalón baquero,
rebeca azul amanecer…
no fue verde la esperanza,
se tornó azul como el mar
de mi querer,
como aquel sueño que alcanza
el recién nacido
que de la vida comienza a beber.
¡Ay, vida! Tanto tiempo pasó
que parece que fue ayer.
Aunque mil errores cometiera,
y mil por cometer,
hoy mi vida diera
por no perder tu querer.
Habla el corazón
que resuena en mi garganta,
porque aquel amanecer,
hoy en el ocre de la tarde,
volvería a dibujar
para volver a pasear
en la barca de tu querer,
y tornarme paloma mensajera
que al viento lleva
un mensaje de amor, de ilusión,
de esperanza, y bello anochecer.
Volvería a pasear hoy,
por aquella tarde de abril.
Y esto es lo que tenemos hasta el día de hoy.
Un abrazo. (A.B.H.)







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