El secreto es compartir.

Este blog, entre otras muchas cosas, es paralelo a la revista literaria "LA CITA". Gran parte de lo que aquí se publica, se ha publicado o se publicará en dicha revista. ¡¡¡BIENVENID@S!!!

"L CITA, revista hermanada con IGNA-MAR"

miércoles, 9 de noviembre de 2011

"La Cita" Edición especial para este blog. Agustín Ballester Herrero.


Revista literaria:
LA CITA
Edición mensual

           ¡Hola! Bienvenidos a esta tercera entrega especial para este blog.
Para todas aquellas personas que no pueden tener la revista en sus manos, y que desearían tenerla, os doy la oportunidad, si así lo deseáis, de ojearla en este blog.
El contenido es extractado de la revista original, porque de ser íntegro se haría larguísima esta página. Espero que la disfrutéis, y si deseáis participar en ella, no tenéis más que enviar un correo electrónico a la siguiente dirección:

revistalacita@hotmail.com

y vuestro trabajo y lo veréis publicado en esta misma página que permanecerá abierta hasta fin del corriente mes de noviembre.
Os deseo una buena lectura, y que sea del agrado e interés de tod@s.
Esta edición corresponde al número 68  (Noviembre de 2011)

Un abrazo.
A.B.H.

Desayunando con café y palabras

“Qué rico un desayuno, combinado
de dibujos y de palabras,
así la tostada sabe a abecedario:
de la “A” a la “Z”,
jardín de flores  con la “A”
aroma a azahar, romero y espliego.
Todo un manjar que se vuelve
desayunando con café y palabras.
Algo que te envuelve y conmueve,
que te hace leer, pensar y sentir
productos de entrada al alma
y sus frutos al salir: escribir y dibujar.
Verbos que se hacen carne
cada uno de nosotros una palabra y nombre.
Un largo etcétera que cultiva el Alma,
pues no se puede vivir alejado de ella.
El resultado es una cabeza sin corazón.”



Poema y dibujo de:
SALVADOR FIDES (Valencia)


VIEJOS TIEMPOS
        
Creo que mi infancia fue como la de tantos otros de mi generación. Recuerdo los corrales que había en los patios de las casas, con gallinas, pavos, conejos, cabras y ovejas y en otras,  tenían pequeñas huertas caseras donde se plantaban habas, rábanos, lechugas y otras verduras; en algunas hasta una parra que hacia sombra en los días de verano. Todo era distinto a como es hoy día.
         En mi pueblo, la mayoría eran casas pues había muy pocos pisos. Yo lo veía como construcciones de la capital, pero eso hoy ha cambiado y con las especulaciones de terrenos, los edificios altos se ven por doquier. En una misma parcela viven hoy varias familias, mientras que en el terreno que ocupa una casa sólo una familia convive. Si alguien me preguntara mi  preferencia entre casa o piso, yo evidentemente escojo la casa. En ella puedes hacer y meter los que quieras, sin estar pendiente de molestar al vecino de arriba o de abajo.
         En la casa donde yo vivo hemos tenido varias clases de animales, desde pájaros, como jilgueros, canarios, mitos, hasta aves de corral como gallinas y pavos. Además de conejos, ratas indianas y si es por tener animales, incluso tuvimos una cabra.
         Cada día teníamos que llevársela a un cabrero, con quién mi padre había llegado a un acuerdo, para que éste, junto con las suyas, las trasladase al campo a pacer. Al caer la tarde, una vez que el cabrero regresaba, íbamos por ella. Teníamos leche todos los días y esto era un gran privilegio por entonces.
         En una ocasión la cabra tuvo dos lindos chotos, un macho y una hembra y mi hermano tuvo la idea de llamarle Pedro y Teresa... ¡¡Cosas de niños!! Lo que no recuerdo es qué fue de ellos, si mi padre los vendió o fueron criados en casa.
         Yo acostumbraba cada mañana a levantarme muy temprano, a las ocho en tiempo otoño e invierno, y mi deber era poner a la cabra un bozal y llevarla calle arriba dónde el cabrero. Un día como cualquier otro, antes que el sol hiciera acto de presencia, me dirigí al corral, puse el bozal al animal y salí a la calle. A medio camino, la cabra hizo un gesto brusco tirando de la cuerda. Yo la quise dominar, pero de poco me sirvió, que en ese forcejeo se me escapó de las manos. La cabra salió calle arriba corriendo y yo detrás de ella como un desesperado temiendo lo peor y pensando en el regaño que tendría en casa por perder al animal. Sin embargo, cuál sería mi sorpresa cuando me di cuenta que iba directa al rebaño de cabrero... ¡¡ya sabia el camino y dónde le esperaba su buena ración de ramón!! El hombre me miró con una leve sonrisa, le quitó el bozal y me lo dio.
¡Sin duda los tiempos han cambiado! No hay cabras en las casas y si las hubiera deber ser muy pocas. Los corrales no existen y los patios sólo son espacios que albergan macetas de mil colores. Aquél que tiene animales, los cría fuera del pueblo por las molestias que ocasionan, además  que la autoridad sanitaria sanciona a aquél que los mantiene en los patios de las casas.
         Lo mismo ha pasado con las pequeñas huertas y se han perdido y olvidado los aromas a verduras frescas y a hierbas.
         Mi infancia como la de tantos de mi generación fue muy diferente a la que viven los niños de hoy. Yo recuerdo con mucho cariño esos maravillosos años.
         Los tiempos cambian día a día, velozmente, sin dar tregua. Algunos opinan que los tiempos de antaño fueron épocas de incultura e ignorancia. Yo no pienso lo mismo, fueron los tiempos que fueron, tiempos muy felices a su manera.



Autor del relato:
Ignacio Alcántara Godino
(Torredelcampo - Jaén)


Navegando con mi nave

Amor por la vida
es lo que siento,
amor y mucha dicha
por lo que estoy viviendo.
Reprimida yo vivía
hasta descubrir por fin
ese método para mi vida
y solo eso yo cumplí.
Y mi vida cambió
 te lo puedo asegurar,
en ello me muevo
como pez en mi caminar.
Navegando con mi nave
 navegando aprendí,
a moverme como un ave
y todo ello poder cumplir.


Mª Estela García
Alicante.




A mi padre

Las manos de mi padre
luna y barbecho
forjadas en la tierra, fiel asidero.

Las manos de mi padre
sol y cosechas
aupándome a sus hombros, soportes recios.

Las manos de mi padre
nobles y limpias
ausentes de gramática, hoz y granero.

Las manos de mi padre
miel y aceituna
columnas proletarias de mi sustento.

Las manos de mi padre
brega y fatigas
cargadas de razones, sueños y sendero.

Las manos de mi padre
frescos eneros
engendrando mis días, mis pensamientos.

Las manos de mi padre
caricia y gesto
generando la mies para el pan nuestro.

Las manos de mi padre
jara y romero
transformando la tierra en frescos huertos.

Las manos de mi padre
voz y silencio
benditas manos limpias de un extremeño.


     Antonio Dávila García
     Extraído de su libro: “El caballito de cartón”
     De Ediciones A.B.H.



Un gato escaldado

El sepulturero
del cementerio de la realidad
ha plantado un árbol
en una fosa común
y las niñas que crecieron
junto a mi
ya son madres,
y sus hijos
se emborrachan a mi lado.

El albañil
que tapa los portillos de la realidad
coloca los minutos a soga
y los latidos a tizón,
y los niños que crecieron
junto a mi
ya son padres,
y borrachos vomitan problemas
de un licor que yo jamás he vomitado.

La camarera
de los ojos tristes como la realidad
me ha despachado un vendaval
que de un trago he desollado
y me he vuelto a mi ataúd,
preguntándome entre sueños que ya dormí
si quizás debí convertirme
en ese repugnante ser que nunca quise ser
o hice bien huyendo como UN GATO ESCALDADO.



    Francisco Tomás Barriento… “er tomá”
(Campofrío - Huelva)








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