En casa de MIGUEL HERNÁNDEZ.
A finales del verano de 1998, junto a otras cinco personas, formé un grupo de recitadores, rapsodas, y en una de tantas actuaciones o recitales poéticos tuvimos la suerte y el honor de visitar la tierra que vio nacer al poeta, Orihuela, en la provincia de Alicante, invitados gentilmente por el excelentísimo Ayuntamiento de dicha localidad. El recital comenzaba hacia las 19:00 horas de la tarde, en el salón de actos del Ayuntamiento. Nosotros llegamos unas horas antes, con lo que disponíamos de tiempo más que suficiente para pasear por esas tierras llenas de cultura, con sabor a poesía. Orihuela, es una tierra que representa mucho para mí, allí nació mi padre y mi abuela materna.
Como ya teníamos previsto, fuimos a visitar la Casa Museo de Miguel Hernández. La casa donde el poeta vivió y quizás el lugar donde se fraguara parte de su inspiración poética. Dicen, que todo está exactamente igual que el artista la dejó. Las zapatillas de labranza a un lado de la cama. La pluma del poeta al lado del tintero y encima del escritorio. El comedor, con un inmenso retrato del protagonista, y que podemos apreciar en la página siguiente, representa a una casa muy modesta de principios del siglo XX, con muebles de la época y con visibles rasgos rurales y de la Huerta del Segura. El Segura, es el río que atraviesa la ciudad, y que en tantas ocasiones se vio desbordado por las lluvias, según me contaba mi abuela.
La casa, posee un patio interno con cinco árboles limoneros, donde imagino, en más de una ocasión, cobijado bajo la sombra de alguno de estos arbustos, el poeta diera vida a la primera etapa de su poesía.
Tras estampar mi firma, como hiciera el resto del grupo, con su dedicatoria en el Libro de Honor, donde todo aquel que visita su casa suele dejar huella de su paso por la misma, fuimos al patio y después de admirar su belleza natural, arranqué una hoja de uno de los árboles y me la llevé como presente y como recuerdo de aquella inolvidable visita.
Haciendo un poco de historia recordaremos que Miguel Hernández, nació en Orihuela, (Alicante) en 1910 y murió en Alicante en 1941. Poeta español, de origen campesino y formación autodidacta, su primera etapa está muy influida por Góngora, y en ella destaca la perfección formal en la expresión de los sentimientos amorosos. Pasó luego a concebir la poesía como un instrumento de lucha social durante la Guerra Civil Española, en la que intervino como comisario de Cultura.
Su obra póstuma, “Cancionero y romancero de ausencias” 1938-40, escrita durante su prisión en las cárceles franquistas, refleja su madurez, un gran dominio de la forma y una honda emoción.
“Elegía a Ramón Sijé”, “El niño yuntero”, “Nanas de la cebolla”…etc. etc.
Tu Corazón, Una Naranja Helada...
Tu corazón, una naranja helada
con un dentro sin luz de dulce miera
y una porosa vista de oro: un fuera
venturas prometiendo a la mirada.
Mi corazón, una febril granada
de agrupado rubor y abierta cera,
que sus tiernos collares te ofreciera
con una obstinación enamorada.
¡Ay, qué acometimiento de quebranto
ir a tu corazón y hallar un hielo
de irreductible y pavorosa nieve!
Por los alrededores de mi llanto
un pañuelo sediento va de vuelo
con la esperanza de que en él lo abreve.
Tu corazón, una naranja helada
con un dentro sin luz de dulce miera
y una porosa vista de oro: un fuera
venturas prometiendo a la mirada.
Mi corazón, una febril granada
de agrupado rubor y abierta cera,
que sus tiernos collares te ofreciera
con una obstinación enamorada.
¡Ay, qué acometimiento de quebranto
ir a tu corazón y hallar un hielo
de irreductible y pavorosa nieve!
Por los alrededores de mi llanto
un pañuelo sediento va de vuelo
con la esperanza de que en él lo abreve.
Texto: Agustín Ballester Herrero (A.B.H.)



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